Identidad y calidez son las señas particulares de los espacios actuales, que remarcan un simplismo que alude particularmente a los detalles de diseño. El interiorismo comienza a escapar de los conceptos del minimalismo extremo, invitando a mayor calidez y personalidad, sea a través de objetos de decoración, obras de arte, alfombras… Así como toques de color y juegos de texturas.

No es lo que era

Si bien ciertos cánones del minimalismo parecen haber llegado para quedarse y el despojo luce como belleza intrínseca, la tendencia minimalista contemporánea se diferencia de la de su gestación, en donde los espacios eran en extremo neutros y diáfanos, con predominio de colores blancos, claros y terminaciones lisas y sin texturas. En la actualidad, esta corriente es menos rigurosa. Si bien anima el desarrollo de ambientes sin excesos, incorpora elementos que otorgan mayor riqueza al espacio. El principal cambio es la utilización de materiales que aportan diversas texturas, como la madera y la piedra en lo arquitectónico y las pieles y telas rústicas en el mobiliario. La inclusión de materiales naturales en los componentes arquitectónicos, así como el detalle de los valores regionales en la decoración, son recursos muy actuales que ponen el sello que diferencia y da identidad a las estancias. Se suelen incluir también elementos singulares que generan contraste de colores como puede ser determinada pieza del equipamiento, alguna pared, alfombras, almohadones, cuadros e incluso algún toque de color en la iluminación. El blanco total que marcó una época, se tiñe hoy con neutros más cálidos, como los grises, visones, los tierra… Los espacios ya no son privativos de las líneas puras, sino que a veces incluyen elementos arquitectónicos o de diseño con líneas curvas, en escaleras o mobiliario, que otorgan mayor dinamismo al espacio, sin sacrificar las cualidades esenciales del minimalismo. Nos encontramos ante una instancia intermedia, en donde los ambientes no se caracterizan por el despojo extremo pero tampoco se acercan a la ornamentación excesiva. Se trata de utilizar la menor cantidad de elementos posibles, pero otorgándole calidez al espacio a través de las terminaciones utilizadas.

El minimalismo. Los preceptos que sobreviven

“No es sólo cuestión de reducir o simplificar, hay que centrarse en lo que realmente es importante”, dice John Pawson, uno de los máximos referentes contemporáneos del minimalismo. Estilo que se posiciona aún, después de décadas de su origen, marcando las pautas en el diseño de interiores.

Se aplica para todo tipo de ambientes, ya sea en viviendas o departamentos, casas de campo, locales comerciales, hoteles, espacios culturales e incluso instituciones religiosas. Implica la reducción de los elementos a lo esencial, quitando lo superfluo o innecesario. Se asocia a la pureza formal, a la simplicidad, ligereza, armonía y equilibrio. El lineamiento central de esta corriente es que cada componente se debe seleccionar con acierto y criterio. El espacio se ofrece ordenado visualmente, característica que se consigue evitando el exceso de ornamentación. Los objetos se guardan en muebles cerrados o se exponen en forma organizada y con un criterio estético. El equipamiento acompaña la concepción espacial dando como resultado muebles de pocas líneas, sillas con gran síntesis formal, sofás sin detalles excesivos y cortinas sencillas. Las luminarias se convierten en una pieza sumamente importante, adquiriendo amplio protagonismo en el conjunto. Se seleccionan lámparas de pie, colgantes o empotradas de acuerdo al ámbito y a las características de iluminación deseadas. En definitiva, el minimalismo se constituye más en un estilo de vida que en una tendencia. Fuente: La Voz del Interior.