¿Cómo repercutirá el escenario de crisis global y conflictividad social en la inversión inmobiliaria internacional y local? ¿Cómo afectan al mercado las próximas elecciones nacionales? Entre ambas situaciones, un mínimo común denominador:  incertidumbre. El 11-S quebró la sensación de invulnerabilidad física de los países centrales, en tanto la crisis puso en evidencia su debilidad también en lo económico. Ahora, la ilusión recargada con la llegada de Obama, choca con la realidad de los desajustes acumulados tras tantos años de un funcionamiento no-sustentable en EE.UU. y Europa. Y la constatación de que eso no se resuelve sin medidas de fondo, ni de un año al otro.

A nivel internacional, entonces, ¿qué podría esperarse de la inversión inmobiliaria? Si las tasas han de seguir bajas como se anuncia, y con un dólar debilitado -que no cae más porque el Euro y el Yen tienen que atender a la vez sus propios dramas- los inmuebles quedan nuevamente en buena posición: la amplitud e instantaneidad en la variación del valor de papeles y commodities hace a estas opciones demasiado volátiles en un contexto de por sí inestable. Pero aquí distinguiría al pequeño inversor internacional individual y los players de mayor escala. Entre los individuales esperaría más cautela y así un tiempo de “esperar y ver”. Entre los más grandes, parece ser tiempo de más “fly to quality”. Pero con una noción de “flight” pendiente de oportunidades a precio de liquidación, y una de “quality” que priorice más que nunca aquellas plazas que acoten mejor el riesgo, brindando las mayores garantías de seguridad económica e institucional. A nivel nacional en tanto, la inflación dolarizada y la ausencia de alternativas mantienen fiel a una demanda inversora que -aún con dudas- sigue viendo al ladrillo como la opción más segura. Los precios siguen firmes, y seguirán: la presión a la suba es real, basta mirar -entre otras- la evolución de los costos. Pero el problema de fondo sin embargo, persiste. Y corremos el riesgo de que esa dinámica nos permita seguir confundiendo el holograma, la “realidad virtual” de este mercado de bonos de ladrillo a medida para ahorristas, con la realidad del 87.5% de la población que sólo espera poder “comprarse la casa”. Que ve que, un ingreso medio anual le permitía comprar 14,5 m2 de departamento en Buenos Aires en 1999, y hoy le alcanza sólo para 6,5m2. Que con salarios récord en dólares en LatAm, su capacidad de acceso a la vivienda se redujo a la mitad, al cabo de una década de crecimiento al 8% anual. Este cuadro no es derivado de las próximas elecciones ni de la conmoción internacional. Pero la profundización de la incertidumbre en el escenario de negocios, y la conveniencia de reafirmar entonces la economía real, hacen tal vez de esta coyuntura una buena oportunidad -otra más- para cambiar las lógicas. Para volver la mirada sobre los fundamentos de la actividad y re-articular un mercado real de viviendas reales para gente real. Fuente: Técnico inmobiliario (Marcelo G. Satulovsky).